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Energía hidroeléctrica sin embalse, beneficios como alternativa sustentable

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El abastecimiento eléctrico de comunidades mediante el aprovechamiento de la fuerza hidrocinética de los ríos es una alternativa muy interesante. En muchos sitios de Hispanoamérica se le conoce como “energía hidroeléctrica sin embalseo “a filo de agua”. Es muy apreciada como modalidad de energía verde en comparación con las plantas hidráulicas eléctricas convencionales.

La capacidad de generación eléctrica en turbinas hidrocinéticas depende directamente de la velocidad de la corriente del agua. Por esta razón, el tipo de turbina implementada debe tener un diseño acorde con las características hidrológicas y topográficas locales. No son tan comunes como las grandes centrales con diques, pero su uso está aumentando porque ocasionan menos impactos ambientales.

Beneficios de la energía hidroeléctrica sin embalse

Menor impacto ambiental

Las centrales hidráulicas con grandes represas son percibidas por la mayoría de la población como un tipo de ‘energía limpia’. No obstante, páginas como Esfera Viva explican que sus impactos socioambientales ocasionados difícilmente son compensados por los beneficios. En cambio, las plantas a filo de agua no demandan la contención de enormes volúmenes de líquido para producir electricidad.

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Es indudable que los embalses hidroeléctricos son una forma eficiente y muy rentable de producir energía. Asimismo, sus operaciones no implican la liberación de gases tóxicos a la atmósfera (como las centrales termoeléctricas). Sin embargo, el deterioro ambiental es grave por la inundación de las áreas ocupadas y la discontinuidad originada en el río.

La interrupción del caudal natural altera significativamente las características fisicoquímicas del agua y la migración de especies hidrobiológicas. Adicionalmente, los sedimentos son afectados a gran escala, lo cual causa contaminación en los sectores más bajos del río. Los problemas de calidad del líquido vital se manifiestan por la pérdida de transparencia y disminución del oxígeno disuelto.

Incluso, la construcción de embalses puede implicar el desplazamiento de poblaciones humanas nativas (consecuencia social negativa). Ninguno de los impactos mencionados aparece cuando las plantas eléctricas emplean turbinas hidrocinéticas en lugar de turbinas en diques. Por esta razón, puede considerarse como una actividad con las cualidades de sostenibilidad de la economía azul.

Favorece el empoderamiento de las comunidades remotas

Las centrales eléctricas con turbinas hidrocinéticas pueden implementarse a lo largo de distintos puntos del río. De esta manera se crea un método de aseguramiento del suministro eléctrico (principal o eventual) en caseríos y pueblos. Son muy efectivas en territorios montañosos con buen promedio de lluvias y en lugares selváticos.


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Pero eso no es todo, la energía hidroeléctrica sin embalse es ideal para zonas sin alternativas de fuentes renovables. Es decir, no se limita a poblaciones con necesidades de abastecimiento eléctrico. En ese contexto, las plantas a filo de agua pueden asistir a ciudades importantes en caso de emergencia o apagones.

¿Qué tan ecológicos son los métodos como el run-of-the-river?

El procedimiento run-of-the-river (corrida de río) tampoco necesita la construcción de grandes embalses. Pero para su implementación sí se elaboran diques pequeños de retención temporal durante picos de demanda energética. Lamentablemente la interrupción del flujo natural siempre ocasiona acumulación de sedimentos. Aunque el daño es menor, el método run-of-the-river deriva en la afectación de la vida acuática.

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Igualmente existen plantas hidroeléctricas como el Proyecto Alto Maipo en Chile que desvían parte del río hacia canales y túneles. A pesar de que el agua es restituida por completo, deben tomarse precauciones muy delicadas e importantes. Es imprescindible realizar un cálculo apropiado de caudales ambientales para el tramo natural. De lo contrario toda la vida del río puede resultar severamente amenazada.

 

Turbinas hidrocinéticas sumergidas

Una opción realmente ecológica podrían ser las turbinas hidrocinéticas sumergidas en zonas profundas de ríos caudalosos. Según el portal IQ Latino, el Banco Interamericano de Desarrollo vislumbra un potencial importante del sector en Sudamérica. El BID -junto con los entes y privados públicos involucrados- han bautizado a esta iniciativa Energía Sostenible para Todos.

Actualmente, es un megaproyecto en desarrollo diseñado para sitios específicos de Brasil, Ecuador y Perú. En teoría, es capaz de proporcionar electricidad a más de 10 millones de personas. Para ello el BID ha impulsado la instalación de diversas plantas hidrocinéticas con potencia de 2 mW a 100 mW. Las cuales pueden tener factores de capacidad de rango del 50 al 70% en asentamientos de regiones rurales y urbanas.

La instauración completa del proyecto Energía Sostenible para Todos depende -en mayor proporción- de la sociedad. La corrupción es el enemigo ‘endémico’ de los países subdesarrollados. Los ciudadanos deben hacerse corresponsables del éxito de los proyectos para asegurar el destino adecuado del capital recibido.

El ejemplo de Suiza

Las grandes represas hidroeléctricas pueden parecer más eficientes y atractivos desde el punto de vista económico. Pero el daño a la naturaleza asociado con la construcción de embalses puede evitarse. Como demostración está el caso de Suiza. Allí legislaron una certificación de energía hidráulica verde llamada Greenhydro

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De esta forma los helvéticos estandarizaron los criterios para regular las operaciones seguras a nivel ambiental. Además sus empresas son incentivadas a invertir en acciones de restauración, protección y mejoramiento medioambiental. Otros naciones de Europa y Norteamérica están siguiendo la pauta marcada por Suiza. ¿Por qué no podría aplicarse en países en vías de desarrollo?

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De cervezas recicladas y repartidores que prueban la comida

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Comer en la calle, pedir un delivery o hasta tomar cervezas en un estadio de fútbol tiene sus riesgos. Consciente o inconsciente, los comensales depositan su confianza en vendedores, mesoneros, cocineros… Algunas preguntas pululan en el aire de forma involuntaria: “¿Lavarán bien los vegetales?” “¿La cocina estará limpia?” “¿De cuándo será este pastel?”

 

Tampoco podemos ir por la vida paranoicos, atormentándonos cada vez que tomamos el almuerzo o la cena fuera de casa. Lo mismo en esos días en los que la pereza manda y nuestra mejor opción para saciar el hambre es recurrir a cualquiera de las múltiples aplicaciones móviles disponibles en el mercado y pedir unos tacos (o lo que se antoje).

 

Todos nos esforzamos en ‘no hacernos mente’ y confiamos en que lo que ordenamos está elaborado con los mejores ingredientes, que el chef se lavó bien las manos, que nadie tosió cerca de nuestro plato… Aunque en ocasiones, nuestra seguridad se trastoca un poco.

 

El repartidor, ¿probó tu comida?

 

Un estudio publicado recientemente por US Food arrojó un dato llamativo. Algo que todos sospechábamos (o que al menos alguna vez se cruzó por nuestra mente), pero de lo que no teníamos plena certeza. Resulta que en Estados Unidos, el 25% de los repartidores de comida admitió haber probado los platos de sus clientes mientras iba de camino. Es decir, uno de cada cuatro. Y muy probablemente el número sea todavía mayor, considerando que aún siendo anónimas las respuestas, muchos pudieron mentir al respecto.


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La misma investigación arrojó que, con conocimiento de que los delivery boys (y girls) pueden sentir hambre o curiosidad, el 85% de quienes ordenan comida para que se las acerquen hasta sus hogares o sitios de trabajo, exigen a los restaurantes etiquetas o sellos de garantía que certifiquen que los alimentos no fueron manipulados durante el trayecto entre la cocina y las manos de los comensales.

 

Vamos al fútbol, ¿se te antoja una cerveza?

 

A lo largo de toda América Latina consumir alimentos y bebidas en recintos deportivos es un acto de alto riesgo. Si bien los organismos oficiales encargados de velar por la salubridad de estas instalaciones han mejorado sustancialmente en los últimos años, un estadio (de fútbol o béisbol) sigue siendo un estadio. Y como hay cosas que resultan difíciles de evitar, los fanáticos nos encomendamos a Dios y comemos y bebemos hasta que termine el espectáculo que fuimos a ver.

Pero una cosa es tener sospechas de que no todo funciona como debería y otra es enterarte que las cervezas que te tomaste mientras disfrutabas del “deporte más bonito del mundo”, eran ‘recicladas’. Eso fue precisamente lo que pasó el 28 de julio pasado en el estadio del Santos Laguna, en Torreón. Lo peor, para quienes asisten con frecuencia a ver en vivo los partidos del equipo Lagunero, es que no tienen ni idea de cuántas ‘chelas’ recicladas se han tomado en los últimos años.

 

¿Comer solo en casa?

 

De nuevo repetimos: no caigamos en la paranoia. Se trata de hechos aislados. (Eso esperamos). Cuando vamos a un restaurante, debemos ser exigentes y si tenemos dudas pedir que nos muestren la cocina. Si comemos unas gorditas en la calle, bueno. Estamos en la calle y estamos comiendo gorditas, pero que al menos quien las prepara que no se limpie la nariz con las manos o cuente el dinero al mismo tiempo que prepara la masa.

 

Ahora, en cuanto a los estadios… Quizá lo ocurrido en el T.S.M. permita que muchos terminen sobrios al finalizar los juegos. Al menos mientras olvidan este terrible incidente.

 

 

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¿La culpa es de la vaca? Soluciones para frenar el cambio climático

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Imagen de mirian gil en Pixabay

En ciertos círculos sociales y hasta académicos, las discusiones entre veganos y ‘carnívoros’ han ido tomando cada vez más vuelo. Si bien muchos lo consideran un chiste y los memes al respecto no paran de salir, para otros es una cuestión de honor.

 

Mediáticamente – y este es un ‘análisis’ bastante ‘ligero’- podríamos afirmar que los ‘come carne’ van ganando el pulso. O por lo menos han mostrado mejores habilidades para comunicar sus ideas y sacar punta a las controversias (principalmente a través de los ya mencionados memes). Así como para dejar en ridículo a sus ‘contrincantes’. Hay quienes aseguran que esta (supuesta) ‘superioridad’ obedece a que el régimen alimenticio de estas personas sí les garantiza todos los nutrientes necesarios.

Al mismo tiempo, quienes se rehúsan a consumir carne (vegetarianos) o cualquier producto que contenga elementos de seres vivos (siempre que no sean árboles o plantas), no pueden sacudirse el estigma de ‘sectarios’. Incluso algunos entran en la categoría de ‘bichos raros’ u otras por el estilo.

 

Por supuesto que en lo anterior mucho tiene que ver el hecho de que hoy día las industrias ganaderas se mantienen entre las más poderosas del mundo. Y obviamente la han tomado en contra de cualquiera que cuestione la conveniencia de consumir este grupo de alimentos. Ya sean carnes rojas o lácteos.

 

Pero la culpa sí es de la vaca

 

Un nuevo elemento ha aparecido para tomar protagonismo en medio de este debate. Tópico que si bien no es novedoso, (desde hace años se viene hablando de ello), ahora viene refrendado al más alto nivel institucional.

 

El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) recomendó reducir el consumo de productos venidos de la ganadería. Su argumentación no se basa (al menos no en su parte más importante) en la conveniencia o no de estos ingredientes dentro de la dieta humana. Lo que concluye el grupo de expertos es que este tipo de medidas serviría para detener el deterioro de los ecosistemas naturales.


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Sostienen que la meta establecida en el Acuerdo de París de 2015 de mantener el aumento de la temperatura media global por debajo de los dos grados centígrados no será viable, a menos que se transforme radicalmente el uso que se hace de los suelos.

 

El panel también apunta a otro problema obvio (aunque a muchos parece no importarle o se niegan a verlo). Este es: el desequilibrio climático hará más difícil y costosa la producción de alimentos. Serán los países pobres los que terminarán más afectados al tener que adquirir productos más caros y con menores valores nutricionales.

 

Por último, la reducción de carne en el menú, en combinación con la eliminación de las comidas chatarras, está catalogado como un punto clave para contrarrestar otro de los flagelos que afectan a las sociedades modernas: el sobrepeso.

 

Comer o no comer carne: esa es la cuestión

 

Este es un tema que da para muchas discusiones. De manera no tan ‘relajada’, es un tópico que en los próximos días estaremos desarrollando en supnews. Tanto desde la óptica ambientalista, como analizándolo con una perspectiva estrictamente nutricional.

 

¿Qué culpa tiene la vaca?

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Cambio Climático Antropogénico: contradicciones y certezas

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Imagen de Pete Linforth en Pixabay

En medio de la controversia generada alrededor del cambio climático, la única verdad incuestionable es que sí está sucediendo. El planeta se encuentra en un punto donde las consecuencias por el aumento de la temperatura global son progresivamente más evidentes. Mientras tanto, las principales potencias económicas mundiales parecen no ponerse de acuerdo en torno a una estrategia conjunta para contenerlo.

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Las teorías conspirativas crecen. Están quienes defienden el concepto del Cambio Climático Antropogénico, por el cual el ser humano sería el primer responsable. Por ello acusan a las corporaciones petroleras y se posicionan en contra de una economía basada en combustibles fósiles. En contraparte aparecen aquellos como -el famoso hombre del clima- John Coleman quienes critican “el amarillismo” existente sobre el tema.

¿Por qué ha sido imposible alcanzar un acuerdo global efectivo en torno al cambio climático?

Primero, la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos en 2016 ha convertido todo en un circo. Cada decisión -incluyendo la salida del Acuerdo Climático de París– se trata al más puro estilo de un reality show. Populismo puro y duro en campaña electoral permanente, imitado a conveniencia por otros líderes mundiales. No obstante, ¿es posible que Trump tenga justificaciones sólidas para defenderse?


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Segundo, hay que considerar seriamente todas las tesis. Eso incluye el hecho de que Estados Unidos está lejos de ser el país con más emisiones de gases contaminantes. Según Global Carbon Budget (2018), EE. UU. ha reducido en 10% sus emanaciones de CO2 a la atmósfera durante los últimos 20 años. La Unión Europea lidera este ranking con su 16 % menos.

Tercero, los países con economías emergentes son la principal fuente de liberación de gases de efecto invernadero. Destacan especialmente el aumento (a partir del año 2000) en un 208 % de China y 155 % de India. Otros países como Rusia y México mostraron un aumento de emisiones superior al 50 % durante el mismo período. No en vano, ciudades como Pekín, Nueva Delhi o CDMX tienen el peor aire respirable del planeta.

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Y cuarto, no es descabellado pensar que el origen del clima extremo actual no se debe (exclusivamente) al ser humano. A pesar de los indicios descritos en documentales como Una Verdad Incómoda de Al Gore, el debate está abierto. Argumentos como el ciclo de Milankovitch y los períodos solares no deben ser descartados de plano.

¿Qué es el ciclo de Milankovitch?

Explica que los ciclos de temperatura global han variado en espacios de tiempo similares durante los últimos 420.000 años. Al analizar la serie histórica se evidencian patrones denominados ciclos de Milankovitch que coinciden con las etapas de glaciación. Igualmente revela que La Tierra ha tenido períodos más calientes que el actual.

Estas fases más cálidas serían (presumiblemente) proporcionales a una mayor inclinación del eje terrestre. Es decir, cuando ha ocurrido el máximo de 24.1° (actualmente es 23.5°) la irradiación solar en los polos es mayor. En consecuencia, el nivel del mar también subió significativamente así como las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera.

El debate no termina, pero las consecuencias ya están aquí

Un nuevo estudio indica que el calentamiento global actual es singular. Muchos de los ‘negacionistas del cambio climático antropogénico’ sostienen que durante el siglo XIV d.C. hubo viñedos en Inglaterra. Lo cual sería una prueba irrefutable de temperaturas más altas. Sin embargo, el resumen publicado en la BBC manifiesta “esta es la primera vez que el cambio climático ocurre a escala global. No sólo en un continente”.


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Pero el problema no es discutir quien tiene la razón o no. El foco de la cuestión climática es anticipar las consecuencias generadas mediante la implementación de estrategias acordes. Entre esas se pueden nombrar el manejo adecuado del agua agrícola (IICA, 2016) y emprendimientos de Economía Azul. Asimismo la atención hacia las comunidades más vulnerables debe ser una prioridad para garantizar el progreso (Sustainability Times, 2019).

Sea cual sea en definitiva la hipótesis correcta, bajo ningún concepto el ser humano debe lavarse las manos. Los ‘negacionistas del cambio climático antropogénico’ no pueden pretender ignorar otros problemas como la calidad del aire. Tampoco se justifican políticas medioambientales que comprometan la biodiversidad del planeta. Como dice un viejo proverbio: una cosa no quita a la otra.

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